Una misma agua, sensaciones distintas

Damos por hecho que el agua que bebemos debe ser escogida a consciencia, pero ¿dedicamos el mismo tiempo a decidir cómo la bebemos? O mejor dicho, ¿con qué la bebemos? ¿qué recipientes usamos? Existen tantos tipos de vasos como bebidas, cada cual servido en un vaso específico, de lo contrario nos parecería que estaría fuera de lugar: la copa para el champagne, la jarra para la cerveza, los vasos de tubo o copas balón para los licores, el vaso ancho para el agua...

 

No obstante, cada vez más el diseño se impone en los hogares, especialmente en los objetos cotidianos. Nos hemos vuelto algo más exigentes y ya no nos conformamos con beber agua en una taza o en un vaso sencillo y aburrido. El agua, de calidad, debe ir acompañada de un recipiente que esté a la altura. Está comprobado que una misma agua servida en diferentes recipientes nos aportan sensaciones distintas. 


Esto tiene su explicación en el diseño, la funcionalidad, el valor del color, la textura, y en general, en la implicación del márketing sensorial, el de las emociones y los sentimientos, que juega un papel relevante en el modo en el que nos relacionamos con los objetos. 

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